
viernes, 13 de marzo de 2009
Los que hablan en el cine

miércoles, 11 de marzo de 2009
Humillaciones, vol. I

Recuerdo perfectamente ese día, mi "segundito día de clase", teniendo en cuenta que no tenía ni idea de español, a nuestro profesor Pepe le apetecía que leyeramos la agenda escolar. Aclaración: el colegio nos daba (creo que lo sigue haciendo) agendas hechas por ellos y con oraciones básicas (el padre nuestro, el ave maría, el jesusito de mi vida...) y una biografía básica, resaltando todo lo bueno del señor La Salle. Qué gran tío francés, es lo único que recuerdo. El caso, que nos pusimos a leer la biografía del formidable La Salle, y yo no sabía leer. Sí, con 5 años no sabía leer, pero no nada de nada, sólo sabía leer mayúsculas. Mi madre sólo me enseñó a leer mayúsculas, y se le olvidó que también existían las minúsculas. Y yo no sabía qué eran. El profesor me mandó leer, y yo, habiendo visto que mis compañeros antes habían leído pues deduje que me estaba diciendo lo mismo. Así que, miré la hoja, y leí sólo el título... Lo demás no sabía qué era. El profesor me hacía gestos, bastante rápidos y con cara indignante, que parecían decir "pero lee, niña, ¡hostias!". Pero nada oye, yo seguía diciendo "Non so...non so...". Milagrosamente no lloré. Digo milagrosamente porque ahora sí que habría llorado. El profesor puso cara de indignación como diciendo "estos malditos extranjeros que no entienden una mierda" y yo me sentí mal, muy mal, fracasadamente mal. Y lo primero que contesté cuando mi madre arrancó su formidable ford Fiesta fue "¿por qué no me enseñaste a leer minúsculas? ¡Sólo sé leer mayúsculas!". Mi madre me dió explicaciones que yo no acepté. Pero, en dos días, ya sabía leer minúsculas. ¿Por qué? Porque no me gusta ser menos que nadie.
Desde entonces no han dejado de intentar humillarme, y muchas veces lo han conseguido.
Sin ir más lejos, hoy me han humillado. Pero no sólo a mi, también al resto de mis compañeros. Mi profesor de Historia de la Comunicación Social (cuyo nombre no voy a facilitar a no ser ue haya una petición popular muy fuerte), se dedica a mandarnos ejercicios, concretamente, hacer 20 preguntas tipo test con sus correspondientes respuestas y marcando con una X la correcta. ¡Estos métodos canadienses!...que por lo visto siguen una rigurosa metodología. Pues bien, ha empleado 3 horas de las 4 que le corresponden a la semana, para leer uno a uno los fallos de la gente, ridiculizándolos, y dejándonos a la altura de una miserable rata. Sí, sólo le falta decir: "sois tontos, pero del culo, porque no aprendéis con mi método canadiense". Alomejor, el método canadense no funciona. Pero eso no entra en sus cavilaciones meticulosas.
Sin más, adjunto la perla que me ha dejado escrita en mis ejercicios, con su rotulador rojo:
" Tienes que fijarte para no sacar las ideas de contexto y trabajar más las preguntas y respuestas. La historia no es matemática (2+2=4) es algo más lento, es evolución, desarrollo, etc.
¿Comprendes?
Si tienes dudas consúltame"
Y digo yo, ¿es posible desarrollar pensamientos históricos, filosóficos, y teóricos, elaborando preguntas tipo test? ¿Cómo se sintetiza una reflexión en una sola frase?
Igual tu método falla, profesor repelente, igual tu método no está tan bien...
Madre mía, dejo de escribir, que me está llegando el olor a fracaso de sus pantalones. ¡Qué asco!
El método canadiense del profesor, huele a:
a) rosas.
b) caquita recién hechita de bebé bien alimentado.
c) colonia Nenuco.
(Creo que ya se entiende dónde va la X)
Foto: Arale jugando con una caquita
martes, 3 de marzo de 2009
Quejas desordenadas

Aquel que usa la violencia contra otra persona, para mí podría quedarse en su casa clavándose mil agujas.
Sobre todo, anularía aquellas personas que aún siendo las más infelices del mundo y por lo tanto, conociendo el dolor que se siente al no ser feliz, les sobra tiempo para intentar amargar la vida de aquellos que sí disfrutan de la vida. Yo, si algo tengo claro, es que SÍ QUIERO pasar el resto de mi vida con la alegría cogida del brazo.
Pero, por encima de todo, odio la muerte, porque desgraciadamente es necesaria para darse cuenta de lo efímero que es todo, de las oportunidades perdidas, de las sonrisas acumuladas, de que los momentos son únicos porque son irrepetibles. Nunca, nunca, se puede repetir una misma sensación de entusiasmo y felicidad repitiendo la misma acción, porque sólo hay un factor sorpresa para cada circunstancia, luego, desaparece.
Entonces:
Pregunta: ¿Sólo se vive una vez?
Respuesta:No creo, prefiero pensar que revivimos gracias a cada uno de estos momentos, para poder afirmar que, en realidad, vivimos infinitas veces.
(Imagen: Nuda Veritas, Klimt)
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Sigo buscando en el baúl (III parte)

(En la ventana, Dalí)
SASKIA Y EL MUNDO DE ARASBRINO
(fragmento)
Saskia apenas sonríe, pero cuando decide hacerlo, los bordes de su dulce boca parecen explotar y querer rozar los límites de su rostro, queriendo llegar hasta las orejas para mostrar una sonrisa risueña y a la vez algo diabólica por el ímpetu con el que la crea.
Nunca desayuna pues siempre se tiene que vestir corriendo porque su abuela le grita sin piedad que se despierte y corra a por unos troncos que calienten las paredes de esa fría casa. Pero esa mañana ella no estaba y decide, cubierta hasta las orejas con un suave mantón marrón y con algún que otro agujero, comer algo.
Así abre los cajones donde su abuela no guarda sus pócimas y coge un poco de pan y un poco de queso tierno.
¡Cuidado! – se oye cuando cierra el cajón.
Saskia se sorprende, si no había abierto el cajón de las pócimas, no sabe qué ha podido ocurrir. Decide volver a abrir el cajón y mientras las migas de pan caen en su interior ve un extraño bichito pequeñito y de colores opacos.
Está tirando unos dados junto con otros bichos igual o más feos que él y con una sonrisa entreabierta le dice a la muchacha…
-¿Apuestas?
Saskia se para unos segundos, piensa que no tiene nada ahorrado pues hace poco tuvo que darle unas monedas al cura del pueblo.
-No, lo siento, no llevo suelto. ¿Puede ser otra cosa?
Esa cosilla de misceláneos colores empieza a reírse y dice…
-No hace falta, podemos apostar encantamientos. Si tú ganas, podrás echarme cualquiera de las pócimas de tu abuela y convertirme en lo que quieras…si gano yo, haré lo mismo.
Saskia, a pesar del sueño, accede y de manera inmediata se empequeñece convirtiéndose en un bicho opaco más. Con una facilidad sorprendente pierde, ha sacado un 2 y los demás bichos repugnantes un 3, un 4, otro 3 y el parlanchín un perfecto 6.
Implora una revancha pero queda totalmente ignorada y sus palabras son sólo un murmullo mientras las carcajadas retumban por todo el cajón, haciendo saltar las migas de pan que ahora parecen grandes rocas de mármol.
El gusanito no para de reír y retorciéndose en el suelo le pregunta a la muchacha en qué prefiere convertirse, si en un elefante con largas calzas o un conejo con guantes de invierno.
martes, 2 de diciembre de 2008
Buscando en el baúl de los recuerdos ( II Parte)
Biblis, de BouguereauCuando los calendarios marcaban el 2004, en un arrebato barroco, escribí:
voces ajenas por su alegria querer desgastar
y su felicidad arrebatar.
Donde la muerte no es un triste final,
¿vivir sirve sin amar?
Querer conseguir un triunfo no sentido
es la oportunidad perder.
No hay alivio para un dolor enmascarado."
Hay que ver, cuánto desorden, no sé en qué estaría yo pensando.
lunes, 1 de diciembre de 2008
Manao tupapau
Gauguin, El espíritu de los muertos vela, "Manao tupapau" si eres tahitianoUn buen día harto de la sucia sociedad en la que se veía inmerso, decidió irse a Tahití a buscar una niña empezando a ser mujer, para pervertirla a su merced. He aquí, en el cuadro, su mujer aniñada.
Conclusión: las pesadillas son universales, como el amor maternofilial o la codícia. Y toda sociedad, por muy sucia que sea, incluso el individuo más mínimo de la sociedad, las incluye en sus registros, concretamente en la carpeta de "principios, mezclados con inmoralidades y otros desquicios mentales".
domingo, 30 de noviembre de 2008
Cosas que no pasan de moda
Son preguntas como: ¿Qué hay para comer?, ¿Cuánto me quieres?, ¿Cómo te llamas? o las más serias, las que estropean las licuadoras mentales de cualquier ser ligeramente humano: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? y ¿para qué estamos aquí?.
He llegado a la conclusión, después de quedarme sin batería más de dos veces y media y de haber tenido que recargarme a base de lágrimas, comida, sueños y pesadillas, que la única respuesta que vale para todas aquellas preguntas es:
y qué más da.
Pues eso, y qué más da, ir que venir, entrar que salir, o no haber estado nunca. Lo importante es que, almenos una vez, fuiste, y por tanto, siempre acabarás siendo, pase lo que pase.

